¿Cómo se cumplen las Penas de Cárcel?

Para ello hay que empezar hablando del tratamiento penitenciario que se realiza en el centro penitenciario y que según nuestra legislación penitenciaria se basa en un sistema de individualización científica basado en la separación por grados.

Dicho sistema se encuentra regulado en los artículos 59 a 72 de la Ley Orgánica 1/1979, de 26 de setiembre, General Penitenciaria (LOGP) y en los artículos 99 a 131 del Real Decreto 190/1996, de 9 de febrero, por el que se aprueba el reglamento penitenciario.  

PRIMER GRADO

El primer grado supone el cumplimiento en régimen cerrado, esto es que el reo cumplirá solo, en una celda aislada del resto de reclusos, con mayor control y vigilancia y con una posibilidad de acceder a actividades y espacios comunes (como el patio) muy reducida.

Se aplica a los reclusos de peligrosidad extrema y de difícil adaptación al régimen ordinario.

Se utiliza también como sanción, es decir en caso de incumplimientos graves y muy graves de las normas de convivencia del centro penitenciario (como puede ser agredir a funcionarios a otros reclusos, por ejemplo), se pueden establecer sanciones que consistan en cumplir del modo que hemos descrito durante unos días (los días que establezca la sanción, si son más de 14 deberá ser aprobado por el Juez de Vigilancia Penitenciaria).

SEGUNDO GRADO

El segundo grado de tratamiento penitenciario supone el cumplimiento en régimen ordinario, es el régimen habitual, y supone lo que cualquier persona entiende por “estar en la cárcel”. El Segundo Grado se aplica aquellos presos que, si bien no presentan un historial de especial peligrosidad, se considera que aún no están preparados para la vida en semilibertad.

El cumplimiento será en celdas compartidas con otros reclusos, teniendo acceso periódico a las actividades y cursos formativos que se puedan realizar en el centro penitenciario, así como también a los espacios y salas comunes, con las limitaciones que el centro penitenciario establezca como de normal convivencia.

TERCER GRADO

El Tercer Grado Penitenciario supone la vida en semilibertad y se aplica a reclusos que han demostrado que se puede confiar en ellos para vivir en este régimen.

El Tercer Grado supone la posibilidad de cumplimiento en un régimen abierto, esto es. podrán ingresar en Centros Abiertos o de Inserción Social, en Secciones Abiertas o en Unidades Dependientes, sin controles rígidos y la posibilidad no estar en el centro en horas diurnas y fines de semana para poder trabajar y estar con la familia. En función del estudio que se haya realizado sobre el reo y sus necesidades personales y laborales se elaborará el programa que deben cumplir y en que horarios no deben estar en el centro.

Es perfectamente legal que, tras la primera evaluación, el interno se clasificado en tercer grado, sin embargo, el artículo 104.3 del reglamento penitenciario estable que para ser otorgado antes de cumplir el primer ¼ de la pena deben concurrir todas las variables que se usan para el estudio de personalidad del reo y que se establecen en el artículo 102.2 del mismo reglamento y que dispone lo siguiente:

“Para determinar la clasificación, las Juntas de Tratamiento ponderarán la personalidad y el historial individual, familiar, social y delictivo del interno, la duración de las penas, el medio social al que retorne el recluso y los recursos, facilidades y dificultades existentes en cada caso y momento para el buen éxito del tratamiento”.

También hay que advertir que en los casos de condenas superiores a 5 años se podrá establecer en la Sentencia condenatoria que no se otorgue el tercer grado hasta el cumplimiento de la ½ de la misma, dicha decisión deberá ser argumentada. En los casos de reos condenados por los siguientes delitos: delitos referentes a organizaciones y grupos terroristas y delitos de terrorismo, por delitos cometidos en el seno de organizaciones o grupos criminales, por delitos sexuales cometidos sobre menores de dieciséis años, o por delitos de prostitución, explotación y corrupción de menores de trece años. Será obligatorio que no se pueda otorgar el tercer grado hasta el cumplimiento de la ½ de la pena.

Finalmente, es también requisito para la clasificación en tercer grado, el pago de la responsabilidad civil, en función de la capacidad económica del Reo, así como lo que presuntamente hubiera obtenido con la comisión del delito por el que fue condenado.

Así en el caso de personas insolventes, o al borde de la insolvencia, se podrá otorgar si han intentado pagar dicha responsabilidad civil, aun cuando los pagos fueran muy modestos, y la promesa de seguir intentando compensar a la víctima.

La necesidad de satisfacer el pago de responsabilidad civiles será aplicada con especial rigor en los casos de condenados por delitos siguientes: delitos contra el patrimonio o contra el orden socioeconómico de notoria gravedad y hubieren afectado a una generalidad de personas, delitos contra los derechos de los trabajadores, contra la Hacienda Pública y la Seguridad Social y contra la Administración Pública.

En el caso de condenados por delitos de terrorismo se exigirá también el arrepentimiento, y la realización de determinadas actividades para demostrar que se han abandonado tales métodos.

100.2

Con el fin de hacer el sistema más flexible y ajustado a las necesidades y características personales de cada interno, la Junta de Tratamiento podrá proponer programas y sistemas de ejecución de la pena que combinen las características de los diferentes grados a fin de promover una mejor resocialización del reo.

De este modo un reo que aún no cumpla con todo lo necesario para acceder al tercer grado, pero tenga un pronóstico favorable podrá salir, por ejemplo, a trabajar al exterior o a realizar actividades que le resulten favorables.

será requisito indispensable que tal decisión se funde en un programa de ejecución específico de tratamiento que de otro modo no podría realizarse.

Dicho sistema es conocido en el ambiente penitenciario como “100.2”, precisamente por estar recogido en el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario.

LIBERTAD CONDICIONAL

La libertad condicional supone que el reo queda liberado del cumplimento del resto de la pena, sin embargo, deberá tener presente que dicha libertad puede ser revocada en cualquier momento (hasta el final del cumplimiento de la pena) si no se cumplen las condiciones con las que se otorgó, por lo que debería volver al centro penitenciario a cumplir la pena que todavía quedara; por ello más que de libertad condicional, podríamos hablar de una suspensión condicional del cumplimiento de la pena.

Se concederá la libertad condicional cunado el recluso se encuentre en Tercer Grado (por lo que las condiciones para acceder al Tercer Grado se convierten en requisitos indirectos para acceder a la libertad condicional, cuando se hayan cumplido ¾ partes de la pena y que se observe buena conducta, para ello el Juez de Vigilancia Penitenciaria habrá de tomar en consideración la personalidad del penado, sus antecedentes, las circunstancias del delito cometido, la relevancia de los bienes jurídicos que podrían verse afectados por una reiteración en el delito, su conducta durante el cumplimiento de la pena, sus circunstancias familiares y sociales y los efectos que quepa esperar de la propia suspensión de la ejecución y del cumplimiento de las medidas que fueren impuestas.

La duración de la suspensión de dicha pena podrá tener una duración de entre 2 y 5 años, es decir puede ser superior al tiempo que quedaba por cumplir.

Si bien, como hemos dicho, el régimen ordinario es el de tener cumplidas las ¾ partes de la pena, en los casos en los que el reo haya desarrollado actividades laborales, culturales u ocupacionales, de forma continuada o no continuada pero con un aprovechamiento del que se haya derivado una modificación relevante y favorable de las circunstancias personales relacionadas con su actividad delictiva previa, y previa autorización del Juez de Vigilancia Penitenciaria, podrá concederse a partir del cumplimiento de 2/3 partes de la pena impuesta; o sí fue condenado a una pena que no supere los 3 años (y fuera la primera condena) a la mitad.

En el caso de penados que hayan cumplido 70 años (o los cumplan mientras están cumpliendo la condena) o padezcan enfermedades incurables se podrá proceder también a adelantar la libertad condicional.

En otra ocasión hablaremos del régimen disciplinario dentro de los centros penitenciarios.